Les Français Libres, de juin 1940 à juillet 1943

 
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Michel Iriart



Naissance : 25 février 1920 - Argentine

Activité antérieure : liberal / cadre

Engagement dans la France Libre : Londres en janvier 1941

Affectation principale : Terre Leclerc - Afrique /

Grade atteint pendant la guerre : sous-lieutenant

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Saludos

Saludos afectuosos para usted y flia. Soy el que tomo las fotos en el casamiento de Anne.

Cariños a todos.

estoy radicado en canada(quebec)desde 1984.

me alegro muchisimo leer esta nota.

mac

miguel angel cabrejas le jeudi 20 juin 2013 - Demander un contact


Michel Iriart

laurent le dimanche 30 août 2009 - Demander un contact


Michel Iriart

www.pagina12.com.ar 

" MICHEL IRIART, ARGENTINO, VETERANO DE LA DIVISION LECLERC

Recuerdos de la guerra

Se crió en Almagro, hijo de un periodista vasco francés y futbolero, y a los 19 años se enroló en Buenos Aires para pelear por la Francia Libre. Condecorado con la Cruz de Guerra, tomó la casa de verano de Hitler y recibió recientemente la Legión de Honor, como oficial. Una vida increíble.

Por Susana Viau

Michel Iriart, padre, vasco francés nacido en Saint-Jean-Pied-de-Pont, periodista y, ad maiorem gloriam suam, primer back derecho de San Lorenzo de Almagro, no calculó que a su hijo, Michel Iriart como él, alumno del Euskal Echea y del San José, el peso de esa cultura que atraviesa los Pirineos y cuyos orígenes aún se discuten, lo fuera a llevar tan lejos. Tan lejos y tan alto, porque el 5 de mayo de 1945 el joven teniente Iriart, al mando de 30 hombres de la IX Compañía de la II División Blindada de Leclerc, llegó a Berchtesgaden, en los Alpes bávaros, a 1800 metros sobre el nivel del mar, para hacer flamear la bandera azul, blanca y roja sobre el Nido del Aguila, la residencia de verano de Adolf Hitler. Tenía 25 años, se había criado en Almagro y había terminado el tercer curso de Derecho. Berchtesgaden, sin embargo, no era su primera performance. Con el Regimiento de Marcha del Chad (la División Leclerc) había desembarcado en Normandía, entrado a París en misión secreta en la noche del 24 de agosto de 1944 y regresado al día siguiente, el de la Liberación, con el grueso de la tropa. Al fin de la guerra siguió a Philippe François Marie, conde de Hauteclocque, mariscal de Francia, o Jacques-Philippe Leclerc, si se prefiere su identidad de la Resistencia, hasta Indochina. Allí Iriart obtuvo las insignias de capitán. Pudo haberse quedado en Francia y vaya a saber por qué volvió a Buenos Aires. En el viaje de retorno conoció a la que sería su mujer, luego se volcó al periodismo, fue subdirector de France Presse en Buenos Aires, jefe de la agencia en Chile y responsable del área de América Latina, es miembro de la directiva del Centro Vasco Francés y de la Unión Francesa de Ex Combatientes. Hace unos años lo condecoraron con la Légion d’Honneur.

–¿Caballero de la Legión de Honor?

–No. Oficial. Es más que Caballero.

El enorme salón de actos de “les Anciens Combattants” está en refacciones y han tenido que descolgar el ala del avión de la Primera Guerra que decora una de sus paredes. “Era de la máquina de Georges Guynemer, un as de la aviación –explica Iriart–, como el Barón Rojo.” Después, Iriart señala el interior de la vitrina que guarda los trofeos del coronel Maurice Duclos: el képi, un cornetín, banderines, medallas al por mayor. Al lado, un enorme retrato de Charles De Gaulle. “Tuvimos que restaurarlo –se disculpa Iriart– porque un tipo le clavó un cuchillo en un ojo.”

–¿Y eso?

El ex combatiente se encoge de hombros y hace un gesto de desprecio.

–Un pétainista. El ojo quedó bastante bien.

Pétain y Vichy son nombres que evocan la colaboración, la rendición, y no suenan bien en ese caserón porteño, un pequeño museo de la Francia Libre. En cuanto al cuadro, si se lo observa con cuidado se advierte que uno de los ojos del general está más abierto que el otro, como una herida de guerra, como una prótesis. Un camarada se acerca y abraza a Iriart: “Es un héroe. Una gloria. Desembarcó en Normandía. No quedan muchos”. Tenía 19 años cuando se alistó y 21 al partir. Lo hizo en secreto y se escondió de su madre hasta que el “Highland Brigade” soltó amarras. Recién entonces salió a cubierta, a saludarla.

–¿Se había registrado en la embajada?

–No. La embajada era pétainista. Me contacté con el Comité De Gaulle. De aquí se fueron unos 400 a pelear, muchos de ellos eran marinos y estaban en Buenos Aires cuando Francia se rindió. Con el “Highland Brigade” atravesamos el Atlántico. Fue un mes sin tocar tierra. Lo hicimos en las Bermudas. De ahí fuimos hacia Nueva York. Hicimos Canadá, Islandia, Noruega y Liverpool. No era fácil que a uno lo aceptaran. Desconfiaban mucho de la gente que llegaba, así que nos llevaron a la Patriotic School, un centro de investigación que hizo los primeros interrogatorios. De ahí me trasladaron a otro, del que salí aprobado. El paso siguiente fue un campo muy grande, el mayor del ejército de De Gaulle, y me afectaron a un batallón de baterías de Madagascar. Un día, de casualidad, pasó el comandante en jefe y preguntó de dónde era y qué sabía hacer. Le contesté que era estudiante de Derecho. “¿Y qué está haciendo acá?”, me dijo. Enseguida llamó a un sargento y le ordenó que hiciera un pedido de traslado a la escuela militar francesa y se lo llevara de inmediato. Lo firmó ahí mismo. Hice dos años en la academia militar que estaba emplazada cerca de Birmingham. El día del desembarco en Normandía, el 6 de junio del ’44, me gradué como subteniente.

Michel Iriart se abstiene de imprimir ribetes heroicos a un relato que se desenvuelve tan equidistante de la humildad como de la pedantería. Parece no hacerse cargo de que, al fin de cuentas, su historia forma parte de las últimas guerras románticas, de una épica a gran escala sepultada a mediados del siglo XX por los bombazos de Hiroshima y Nagasaki. Por eso cuenta en tono trivial que, cuando a las dos semanas del “día D” alcanzó suelo francés, “los alemanes estaban todavía por ahí, en Bayeux, la ciudad de los tapices. Como yo hablaba español, inglés y francés, me designaron oficial de enlace entre el general Omar Bradley, que mandaba las tropas norteamericanas en Contentin, y el mariscal Bernard Montgomery, que estaba en Caen. Andaba en una moto y llevaba mensajes que parecía que eran muy importantes en una mochilita. Pasado un tiempo, el comandante segundo de la escuela militar dijo que estaba perdiendo el tiempo y me llevó con él. Me confió que teníamos que ir a una ciudad cerca de París. Más tarde me enteré de que tenía que ver a De Gaulle, que le entregó directivas para Georges Bidault, el presidente del Consejo Nacional de la Resistencia. Esa misma noche nos fuimos en el jeep con mi comandante, de Cabrol, un famoso jinete, un noble, oficial de caballería. El entró al despacho donde estaba Bidault y yo me quedé afuera, en la antesala, con la secretaria, a la que llamaban ‘Crapotte’, y que después se casó con Bidaut. Ella, subida a una mesa, me explicaba sobre un mapa dónde tenía que ir. Al día siguiente fue la liberación de París y volví a entrar con el grueso de las tropas de Leclerc”.

Al joven teniente Iriart le aburría andar de acá para allá con la moto. Los nazis se habían rendido en París, pero la guerra continuaba. Lo transfirieron provisoriamente a una oficina de autorizaciones que estaba a metros de la Place Vendôme.

–El jefe era el comandante Lambert, un arquitecto que se había radicado en Hollywood y era muy amigo de Marlene Dietrich, que acababa de llegar. Me pidió que me ocupara de buscarla y pasearla por París porque él no tenía tiempo. Ella estaba alojada en el Ritz. Llegué con el auto de mi comandante, un auto común pero con la Cruz de Lorena estampada en la puerta. Cuando ella la vio y se dio cuenta de que la vereda estaba llena de gente esperándola, se arrodilló y besó el escudo de Francia Libre. Pese a las anécdotas, esa tarea seguía sin gustarme y pedí ser trasladado al frente. Un subteniente me llevó a Lorena y se presentó al famoso capitán Raymond Dronne: “Mi coronel –le informó–, éste es el teniente Iriart, que ha sido afectado a su compañía”. Dronne nos miró y contestó: “Yo no lo he pedido, así que como vino se va”. Como llovía y había muchísimo barro, parecía la guerra del ’14. El subteniente le preguntó si podíamos esperar a que pasara la tormenta y Dronne aceptó que nos quedáramos a cenar. Durante la comida quiso saber de dónde venía yo, porque me notaba un acento raro. Cuando le aclaré que era argentino se puso como loco. “¡Argentino! ¡Entonces habla español! Ya mismo se hace cargo de la Tercera Sección”. El jefe de la Tercera Sección, Portere, estaba muy malherido y los soldados de la IX Compañía eran casi todos españoles, por eso la llamaban “la nueve”, en castellano. A la mañana siguiente, según era costumbre entre las tropas francesas, se reunió la compañía y el capitán me presentó como nuevo jefe de la Tercera Sección. Yo tenía mucha cara de pibe y resultaba un poco incómodo porque eran anarquistas, dinamiteros, habían peleado en la Guerra Civil. Antes de que la formación se disolviera les pedí que se quedaran unos segundos. En francés les comuniqué que me sentía muy orgulloso de estar al frente de un grupo con tanto mérito y que, dado que entre ellos había españoles, les iba a hablar en castellano, porque yo era argentino. Les cambió la cara. Con algunos de ellos me sigo escribiendo. Los que sobrevivieron se fueron sobre todo a Barcelona.

–¿Cuántos hombres tenía a su cargo?

–La Tercera Sección tenía 60 hombres, parte de una compañía de 180, al mando de Dronne, uno de los oficiales más admirados de Francia Libre, un tipo muy culto. Nosotros estábamos en Lorena, pero tuvimos que atravesar el Rhin, como podíamos, porque los puentes estaban rotos. Llegamos a un lugar que se llama Inzell, cerca de Berchtesgaden y ahí tuvimos un problema muy grande, un ataque de los SS que nos produjo bastantes bajas. Uno de los muertos fue mi asistente, Tolka Bolgoff, hijo de rusos blancos residentes en Francia. Tenía 18 años y faltaban 6 horas para terminar la guerra. La cuestión es que seguimos avanzando y nos encontramos con los americanos, que usted ya sabe siempre querían llegar primero. El capitán americano, que era paracaidista, me dijo que venía a relevarme, que habíamos trabajado muy bien. ¡Claro que habíamos trabajado muy bien! Ellos hicieron un kilómetro y se toparon con un puesto alemán. Entonces nos volvieron a mandar a la vanguardia “porque conocíamos mejor la región”.

–¿La cuestión era qué bandera ondearía en el Nido del Aguila, no?

–Yo sabía que los americanos seguían con su idea de llegar primeros a la casa de verano de Hitler, entonces llamé a mi segundo y le ordené que tomara la mitad de los hombres, los que estaban en peor estado, nos siguieran a distancia y no dejaran pasar a los americanos. Los americanos nos indicaron que no nos alejáramos demasiado y estaban convencidos de que no lo hacíamos porque lo que veían cerca era mi retaguardia, que estaba a unos dos kilómetros. La casa de Hitler estaba algo averiada, porque los ingleses la había bombardeado el 24 de abril, creo, y era el 5 de mayo. En un corredor encontramos a un alemán que se había suicidado. Ocupamos, desplegamos la bandera y llegaron tropas francesas de todos lados. El americano se agarró una bronca fenomenal y juró que me iba a matar. Por eso me mandaron a otra aldea. Nosotros éramos parte del ejército americano. La División Leclerc, pese a que tenía 26 mil hombres, formaba parte del Tercer Ejército de Patton. Bueno, como los americanos ya no nos querían más allí, regresamos a Francia por el Sarre.

–¿Jean Gabin estuvo a sus órdenes?

–Lo tuve durante el ataque a Berchtesgaden, me lo asignaron. Era jefe de un Shermann. En realidad, él era marino, pero no había más barcos de guerra en Francia. Entonces se armó un regimiento de blindados con los que habían sido fusileros navales. Gabin andaba con la gorrita. Era un artista, descuidado, indisciplinado. Un día estábamos descansando cerca de un lago y lo veo desnudo, paseando por la playa. Era muy blanco y rosadito, parecía un bebé grande. Lo llamé y le dije: “Gabin, por favor, póngase un pantaloncito, un short, un flottant”. El va y me contesta: “Sos demasiado joven darme órdenes”. Le dije que hiciera la valija y se fuera. Agarré el jeep, fui a ver a mi comandante y le pedí que lo trasladara. No me gustaba el tipo, no sé.

–¿La guerra terminó para usted en Berchtesgaden?

–No. Cuando regresamos a Francia me licenciaron y me fui de vacaciones al País Vasco. Era agosto y me llegó un telegrama. “Los japoneses se han rendido –decía, más o menos–. Tenemos que reocupar Indochina.” Y allí fuimos. Pertenecí al primer destacamento que desembarcó. Estuve en Cochinchina. La pasamos brava en el delta del Mekong, porque atacaban los guerrilleros, había japoneses que todavía andaban por allí y nosotros éramos pocos. Leclerc era el comandante. Dronne también estaba. En un momento fui jefe del escuadrón de escolta de Leclerc. Y tuve de compañero a su hijo. Yo ya era capitán y había pasado el año y medio que debía estar en Indochina. Tenía que volver a Francia para entrar a la escuela de guerra. Cuando me tocó irme le di el comando al hijo de Leclerc. Era muy impulsivo. Como todo hijo de un personaje famoso, sentía que tenía la obligación de estar a la altura del padre. Nunca volvió de Indochina. Lo mataron. La madre siempre me preguntaba si yo no guardaba alguna foto del muchacho. Solía verla para el 25 de agosto, porque después de la misa en Notre Dame íbamos todos a comer a la casa de la División Leclerc. Mi jefe en Indochina había sido el general Massu. Cuando nos encontrábamos me decía: “Oh, mon venezuelien!” y yo lo corregía: “Argentin, mon général, argentin”. Si me hubiera quedado en Francia hubiera sido general, seguro que hubiera llegado a general. Volví de indochina en 1946 y me desmovilizaron acá, en Buenos Aires, en 1947. Ahí se terminó mi odisea.

–¿Lo condecoraron?

–Por Berchtesgaden. Me dieron la Cruz de Guerra de Francia. Y ahora, hace tres o cuatro años, una rata de biblioteca encontró mi nombre entre los oficiales de la División Leclerc y me concedieron la Legión de Honor.

–¿Qué es lo que recuerda con más dolor?

–La muerte de Bolgoff. Murió pegado a mí. Un oficial de la SS salió de golpe y nos ametralló. Recibió todos los tiros en la cara. No tuve coraje de ir a ver a sus padres. ¿Cómo les decía que a él lo mataron a mi lado y yo seguía vivo?

–¿Y el mejor de los recuerdos?

–Participar en el Desfile de la Victoria, en París, delante de De Gaulle. Pasamos a la cabeza porque fuimos los primeros en entrar en combate y los últimos en dejar de pelear.

–¿Cómo se llamaba su tanque?

–No era un tanque, sino un medio tanque, un blindado. Se llamaba Sarra. Todos tenían nombres africanos porque mi unidad era de origen africano, del Chad. Otro se llamaba Tmessa. Estuve buscando esas miniaturas que hay, de blindados, de colección, ¿vio? Quería ponerles el nombre de los seis que formaban mi sección, pero no encontré. No pierdo la esperanza.

–¿Sintió miedo?

–Miedo nunca tuve. Uno recuerda la angustia, la angustia de no saber qué va a pasar. Creo que es por el silencio. No sé por qué pero siempre antes de una batalla hay silencio.

–¿Cantaban para calmar esa angustia?

–Sí. Mucho, pero sobre todo la nuestra, la de la IIDB: “Division de fer/toujours en avant/Les gars de Leclerc/passent en chantant/La victoire n’attend pas”. "

laurent le samedi 29 août 2009 - Demander un contact


Michel Iriart

www.lanacion.com.ar 

"Historia de vida: Michel Iriart
Las guerras de un porteño afrancesado
Veterano combatiente de la Segunda Guerra Mundial y del conflicto de Indochina estuvo siempre donde hubo acción
Noticias de Enfoques: anterior | siguiente Domingo 1 de abril de 2001 | Publicado en edición impresa

A los 81 años recién cumplidos, con su pelo ensortijado y rodeado de su colección de pipas preferidas, Michel Iriart es un conversador atrapante, con un guiño cómplice siempre listo y una fascinante vida atrás (digna de una obra de Stendhal), una vida aventurera que sabe conjugar con la calidad del excelente narrador que es.

Nacido en el corazón del barrio de Almagro el 25 de febrero de 1920, este orgulloso descendiente de vascos franceses es hijo de un destacado periodista francés que llegó a la Argentina en su juventud, fue director en Buenos Aires de Havas (la agencia noticiosa que posteriormente se convertiría en France-Presse) y falleció en 1967.

Al producirse la Segunda Guerra Mundial, Michel Iriart llevaba, todavía, una existencia "ordinaria". Estudiaba Derecho y había hecho algunas experiencias periodísticas juveniles, participando en las actividades de la colectividad francesa en el país. Todo iba a cambiar muy pronto.

Tras la invasión alemana y la caída de París llegaron a Buenos Aires los encendidos términos del llamamiento del 18 de junio de 1940 de Charles de Gaulle (realizado desde Londres) a los franceses de todo el mundo que no aceptaban la derrota con resignación y querían continuar la lucha. Se contactó, entonces, con el Comité De Gaulle de Buenos Aires, que funcionaba en la calle San Martín, ofreciéndose como voluntario para el combate. "Yo me enganché acá -recuerda Iriart-, en el comité local, pero no quería molestar a mi padre, que por entonces trabajaba para la agencia Havas, así que no le dije nada a nadie. Después de más de un año de colaborar en el Comité De Gaulle, me mandaron a Inglaterra a recibir entrenamiento militar. Me fui en un barco que navegaba solo, cargado de ingleses y polacos residentes en la Argentina que iban a hacer lo mismo que yo, a combatir contra los nazis. Llegamos a Bermudas, y a la salida de allí nos torpedeó un submarino alemán. Un barco norteamericano nos llevó luego a Nueva York y desde ese punto fuimos a Halifax, donde nuevamente nos embarcamos, esta vez en un convoy de 99 barcos, 83 de los cuales eran petroleros que llevaban combustible a los rusos, en Arcángel. Eramos una invitación flotante al desastre si se aparecían los submarinos alemanes. Uno de los buques fue torpedeado, y a nosotros nos atacaron los Fokker Wulf-190 de la Luftwaffe. Finalmente, nuestro barco se desprendió del convoy y llegó a Southampton, donde pudimos desembarcar."

Durante dos años, Iriart estudió en el Colegio Militar francés (que en tiempos normales tenía su sede en Saint Cyr y que entonces funcionaba provisionalmente en Bewdley, en Inglaterra), recibiéndose de subteniente justo el 6 de junio de 1944, el día del desembarco de Normandía. Allí, en Bewdley, tendría un duradero impacto emocional al conocer al legendario general De Gaulle, de quien se convertiría en un admirador incondicional hasta el día de hoy. "A De Gaulle -recuerda- lo conocí en el Colegio Militar. Lo saludé y le dije que era argentino. Me prometió que algún día iba a venir a mi país (en 1964 lo cumplió). Era un tipo extraordinario De Gaulle, bueno, yo soy gaullista.

"Primero, como militar fue el único que atacó a los alemanes en la campaña del 40. Antes, en el período de la entreguerra, los militares germanos habían copiado sus planes de la moderna utilización de los tanques. La Blitzkrieg estaba inspirada en él. Entonces, se metió de político y fue uno muy grande. Y si no hubiera sido militar o político, hubiera sido escritor, o se hubiera destacado en algo".

"Personalmente era un poco duro, austero. No se reía jamás, aunque tenía buen sentido del humor. Un día, recuerdo que De Gaulle viajó con una avioneta a un campo de batalla donde lo recibieron varios generales franceses, entre ellos el general de paracaidistas Jacques Emile Massu, que era un incondicional suyo. Massu lo esperaba ahí, entonces, y De Gaulle le dijo: ÔMassu, qué tal, siempre tan estúpido´; ÔSiempre gaullista, mi general´, le respondió éste. Ahí sí vi a De Gaulle sonreír secamente, pero fue una rara ocasión."

Días después del desembarco de Normandía, como flamante subteniente, Michel Iriart pisó suelo francés. Se desempeñaría entonces como oficial de enlace porque hablaba tres idiomas (inglés, francés y español) entendiéndose además a la región de Saint-L™. "La zona estaba atestada de cañones norteamericanos, porque esos tipos no corren riesgos. Ponían sus mil cañones, arrasaban con todo, y después avanzaban". Como oficial de enlace, tuvo la oportunidad de conocer a algunos de los comandantes aliados más importantes. "El general Omar N. Bradley era un buen tipo. Grandote, muy norteamericano. En el fondo, me pareció el jefe más inteligente, un tipo de mucha cancha y frialdad en las situaciones difíciles. El mariscal Montgomery, en cambio, era un inglés típico, de colonia, muy pausado, con mucho sentido de la prudencia. Demasiado Ôbritish´. A las cinco, el five o´clock tea; después, cuando caía el sol, nunca antes, el whisky en su tienda."

General con breeches
Posteriormente, como oficial de blindados junto al general francés Jacques Philippe Leclerc, Iriart tendría la ocasión de conocer a otro legendario jefe aliado. "La división de Leclerc -aclara- pertenecía al III Ejército norteamericano, así que el general George S. Patton era el jefe supremo nuestro. Lo vi personalmente en alguna ocasión. Tenía las pistolas con las cachas de nácar y pantalones tipo breeches de montar. Era muy querido por sus tropas, norteamericano típico, campechano. Pero no se parecía (contra lo que cree mucha gente) al fallecido actor George C. Scott que lo hizo en el cine. Tenía un rostro más cuadrado que el de Scott." Posteriormente, el joven oficial tuvo la oportunidad de convertirse, junto con su comandante de unidad, en los dos primeros oficiales en entrar con un jeep en París, en las horas previas a la liberación de la ciudad, el 24 de agosto de 1944. Llevaban mensajes de De Gaulle para la jefatura de la Resistencia. Este honor le fue reconocido en 1998 por el alcalde de la ciudad, Jean Tiberi. "La liberación de París fue una locura -recuerda-. Transitábamos entre millones de personas. Las mujeres besaban a todo el mundo. Todavía tengo una foto mía en el día de la liberación tomada en el Hotel de Ville, donde aparezco yo con cara de bronca. Es que me habían robado todos los cigarrillos y las cosas de limpieza."

Luego, Iriart, siempre inquieto, sería asignado al frente de una sección de 60 hombres, casi todos republicanos españoles que venían de Africa, adonde lo enviaron precisamente por hablar español. La unidad integraba el Regimiento de Marcha del Chad, que originalmente había sido de camelleros, hasta que los camellos fueron reemplazados por los más modernos y funcionales blindados. El distintivo del regimiento era un camello con una cruz y un ancla dorada, porque en un principio había pertenecido a la Infantería de Marina.

"A mí me nombraron al frente de la unidad -señala- tras haber sido gravemente herido su anterior comandante. Cuando me presenté ante ellos, me encontré con los soldados españoles, recios, barbudos, y yo tenía una cara de 18 años, siempre parecía un poco más joven de mi edad. Un capitán me presentó en francés. Entonces les hablé a los soldados en castellano y uno de ellos gritó: ÔTeniente, usted habla castellano, ¿de dónde es?´ ÔDe la Argentina´ -contesté-. ÔTengo una prima allá -insistió-, Josefa Díaz de Rosario, ¿la conoce?´ ÔClaro´, le mentí. Ahí me los empecé a ganar. Eran mayores que yo, y hoy los que quedan con vida rondan los 85 y 90 años. Muchos eran comunistas y anarquistas, aunque uno al que le decían Palito (porque tenía un dedo tieso) había peleado junto a la División Azul de Franco contra los rusos, algo rarísimo."

En tierras del Reich
Junto a estos hombres curtidos, Iriart peleó duramente a través de Alsacia y de la frontera alemana, entrando al territorio del Reich por Estrasburgo y abriéndose paso por la Selva Negra. Le tocó enfrentar a los restos de la durísima división panzer Das Reich de las SS, así como a la Hermann Goering.

"El soldado alemán -reconoce- era un soldado muy bueno, muy resistente. Obediente, disciplinado (tal vez demasiado disciplinado). A los de la Wehrmacht los respetábamos muchísimo. A los de las SS los teníamos por muy duros.

"Los de la Wehrmacht eran muy profesionales, no cometían atrocidades. Cuando entramos en Alemania, en todo momento tuvimos enfrente a la división Hermann Goering. Sus soldados eran muy buena tropa, muy curtidos, morían en su puesto sin problema. Incluso, cuando caímos en alguna emboscada, los prisioneros alemanes que llevábamos con nosotros ayudaron a trasladar a los heridos. Uno de mis hombres se salvó porque un prisionero alemán lo ayudó bajo fuego enemigo."

En aquellos lejanos días del fin de la guerra en Europa, a comienzos de 1945, le tocó a Iriart participar de la toma del exótico y bello castillo de Neuschwanstein, construido por el delirante Luis II de Baviera (donde encontró prisioneros aliados), y convertirse en uno de los primeros en llegar al refugio montañoso de Hitler, el Berghof, que dominaba desde las alturas a Berchtesgaden, adonde llegó a comienzos de mayo, después de que hubieran bombardeado el lugar los aviones Mosquito británicos. "En el refugio de Hitler -señala- no quedaba ya nadie. Sólo encontramos el cadáver de un coronel de la Wehrmacht que se había suicidado en un corredor y que todavía sujetaba una carpeta. Como no teníamos una bandera francesa, terminamos colocando una holandesa que encontramos en los alrededores, y la pusimos en forma vertical, para semejar la enseña gala."

Apenas concluida la Segunda Guerra Mundial (tras ser condecorado por su admirado De Gaulle con la Cruz de Guerra con Palmas del Ejército francés), Michel Iriart quedó, sin saberlo, envuelto en otro conflicto bélico, mucho más cruel todavía, como sería el de Indochina.

"Nos fuimos de una guerra a la otra -destaca- porque el Vietminh había empezado a operar, ayudado incluso por algunos ex combatientes japoneses que habían sido declarados criminales de guerra por los aliados y se habían unido a los comunistas. Estos japoneses eran durísimos. Cuando peleábamos con el Vietminh nos dábamos cuenta enseguida si había japoneses en sus filas por lo recio que se ponía el combate."

Como prueba cabal de lo que cuenta, Michel Iriart puede exhibir en una de sus manos, donde una mancha negra señala la presencia inconfundible del metal bajo la piel, el punto donde se alojó la esquirla de una granada japonesa recibida en Indochina. "Lo fui a ver a un amigo médico para preguntarle qué hacía con ella. ÔGuardátela de recuerdo´, me dijo. Es el Ôrecuerdito´ de un oficial japonés con el que me encontré cara a cara en las selvas de Indochina. El tipo, de repente, sacó una granada y la tiró entre los dos, el loco. Yo hice un vuelo como de veinte metros y me alcanzaron varias esquirlas. El japonés, en cambio, quedó frito."

Contra el Vietminh, Iriart recuerda que se combatía especialmente de noche. "A nosotros nos costó al principio, el primer mes fue muy duro. Después ya nos acostumbramos, porque sabíamos una serie de cosas. Cuando ladraban los perros de un lado, por ahí venía una columna enemiga. Eran maestros en el arte de la emboscada y se arreglaban siempre para estar en superioridad de condiciones. Para esperarlos y sorprenderlos, nos metíamos de noche en los cementerios, en las tumbas recién cavadas y abiertas. Cuando se acercaban, salíamos de las fosas gritando y disparando, y los comunistas se llevaban un buen julepe. Era una guerra dura y traicionera, sin frente ni retaguardia."

Michel Iriart asegura que, al lado de la de Indochina, la Segunda Guerra Mundial no fue tan cruel, señalando además que por poco se salvó de participar en otra aún peor. "El general Massu quiso llevarme también a Argelia, como paracaidista. ÔNo mi general -le dije-, no quiero (todavía no había guerra declarada en el lugar). Usted sabe que soy oficial de campo, no de cuartel. A mí me gusta la pelea, la aventura, nada de un-dos, un-dos y a desfilar.´ ÔEs una pena -me dijo-, podrías llegar a general.´ ÔSí -le contesté-, pero me voy a aburrir mucho. Prefiero no ser general y divertirme."

Historias de veteranos
Así, Iriart regresó a la Argentina, donde se destacó como periodista en la agencia France-Presse (en la que había trabajado su padre), alcanzando allí importantes cargos y entrevistando a personalidades como Nikita Khrushchev, Fidel Castro, Lyndon B. Johnson, el sha de Persia, y cubriendo notas que lo retrotraían a sus años de acción, como los severos incendios de bosques en el Mato Grosso en 1963, o el naufragio del barco Ciudad de Buenos Aires en el Río de la Plata. Entre tanta lucha, viajes y aventuras, tuvo tiempo para formar junto a su exquisita esposa, Helene de Alarcon (nacida en Madrid, pero educada en Francia), una familia integrada por tres hijos, Miguel Mariano (aviador naval de la Armada argentina) Anne Marie y Helene (las dos psicólogas) y cinco nietos.

En el final de la conversación, Iriart no puede concluir sin señalar su participación, que exhibe con orgullo, en la Asociación y Unión Francesa de ex Combatientes ( los legendarios Anciens Combattants).

"Esta organización -aclara- se creó en realidad en 1920, con los veteranos franceses de la Primera Guerra Mundial radicados en la Argentina. Llegó a incluir a 400 ex combatientes de las dos guerras mundiales. Hoy funciona en una casona en la calle Santiago del Estero. Allí todavía nos reunimos los cuatro veteranos que aún quedamos con vida para recordar los buenos viejos tiempos. El más joven de nosotros tiene 76 años", concluye Michel Iriart, hombre de acción, fino periodista y estimulante conversador, que paseó su aventurera figura por algunos de los escenarios más dramáticos de la historia contemporánea.

Por Ernesto G. Castrillón y Luis Casabal
De la Redacción de La Nación "

laurent le samedi 29 août 2009 - Demander un contact


Michel Iriart

"'De Gaulle era un poco duro, austero. No reía jamás, aunque sí tenía sentido del humor'", relata Iriart .

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Michel Iriart

Michel Iriart, hoy, en su departamento en el barrio de Belgrano; en primer plano, un retrato suyo, como soldado en la campaña de Normandía, durante la Segunda Guerra Mundial Foto:Carlos Barria

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Michel Iriart

" The wars of a Buenosairean Frenchified
Combatant veteran of World War II and the conflict of Indochina was always where there was action

To the 81 years just fulfilled, with his hair ensortijado and surrounded by his collection of preferred pipes, Michel Iriart is a atrapante conversador, with a wink always ready accomplice and a fascinating life back (worthy of a work of Stendhal), an adventurous life that knows to conjugate with the quality of the excellent narrator who is.

Been born in the heart of the district of I reddle the 25 of February of 1920, this proud descendant of French Basoues is son of an outstanding French journalist who arrived at Argentina in his youth, was director in Buenos Aires de Havas (the informed agency that later would become France-Presse) and passed away in 1967.

When taking place World War II, Michel Iriart took, still, "an ordinary" existence. It studied Right and it had made some youthful experiences journalistic, participating in the activities of the French colectivity in the country. Everything was going to change in a moment.

After the German invasion and the fall of Paris the ignitions arrived at Buenos Aires terms from the call of the 18 from June of 1940 from Charles de Gaulle (made from London) to the French worldwide who did not accept the defeat with resignation and wanted continue fighting. It was contacted, then, with the Committee De Gaulle of Buenos Aires, that worked in the street San Martín, offering itself as voluntary for the combat. "I enlisted here - Iriart remembers -, in the local committee, but she did not want to bother my father, who at that time worked for Havas agency, so I did not say anything to him to anybody. After more of a year collaborating in the Committee De Gaulle, they commanded to England to receive military training. I was myself in a boat that sailed single, loaded of English and Polish residents in Argentina that were going to do just like I, to fight against the Nazis. We arrived at Bermuda, and when coming out it torpedoed a German submarine there to us. Boat North American took us soon to New York and from that point we went to Halifax, where again we embarked, this time in convoy of 99 boats, 83 of which they were oil tankers that took fuel to the Russians, in Arcángel. Eramos a floating invitation to the disaster if they appeared the submarines German. One of the ships was torpedoed, and us they attacked the Fokker to us Wulf-190 of the Luftwaffe. Finally, our boat was come off the convoy and arrived at Southampton, where we could disembark."

During two years, Iriart studied in the French Military School (that in normal times had its seat in Saint Cyr and that then worked provisionally in Bewdley, England), being received from right second lieutenant the 6 of June of 1944, the day of the disembarkation of Normandía. There, in Bewdley, it would have a lasting emotional impact when knowing the legendary general Of Gaulle, of whom would become an unconditional admirer until today. "To De Gaulle - it remembers I knew it in the Military School. I greeted it and I said to him that he was Argentine. It promised to me that someday it was going to come to my country (in 1964 cumplio '). It was an extraordinary type Of Gaulle, good, I I am gaullista.

"First, like military man he was the unique one who attacked the Germans in the campaign of the 40. Before, in the period of the interwar, the Germanic military had copied their plans of the modern use of the tanks. The Blitzkrieg was inspired by him. Then, one put of politician and he was one very great one. And if she had not been military man or politician, he had been writer, or outstanding in something was had ".

"Personally he was a little hard, austere. It was never ed ***reflx mng, although it had good sense of humor. A day, memory that Of Gaulle traveled with a small plane to a battlefield where received several French generals, among them general of parachutists Jacques Emile Massu, who was unconditional his. Massu waited for it there, then, and Of Gaulle it said to him: ÔMassu, what so, always so estúpido´; ÔSiempre gaullista, my general´, responded this one to him. There yes I saw to Of Gaulle smiling dryly, but it was a rare occasion."

Days after the disembarkation of Normandía, like flaming second lieutenant, Michel Iriart stepped on French ground. One would evolve then as liaison officer because he spoke three languages (English, French and Spanish) being understood in addition to the region to Saint-L™. "the zone was crowded of North American tubes, because those types do not run risks. They put its thousand tubes, they devastated yet, and later they advanced ". As liaison officer, had the opportunity to know some the allied commanders more important. "general Omar N. Bradley was a good type. Grandote, very North American. At heart, it seemed to me the most intelligent head, a type of much field and coldness in the difficult situations. Marshal Montgomery, however, was English a typical one, of colony, very slowed down, with much sense of the prudence. Too much Ôbritish´. To five, five o´clock tea; later, when the sun fell, never before, the whiskey in its store."

General with breeches

Later, like official of armored next to French general Jacques Philippe Leclerc, Iriart would have the occasion to know another legendary allied head. "the division of Leclerc - it clarifies belonged to III the North American Army, so general George S. Patton was the supreme head ours. I saw personally in some occasion. It had the pistols with the nacre handles and trousers type breeches to mount. He was very wanted by its troops, typical, frank North American. But it did not look like (against which much people create) to the deceased actor George C. Scott who did it in the cinema. She had a face more square than the one of Scott." Later, the young official had the opportunity to become, along with his commander of unit, in both senior officers in entering with jeep Paris, in the previous hours to the liberation of the city, the 24 of August of 1944. They took messages of Of Gaulle for the headquarters of the Resistance. This honor was recognized to him in 1998 by the mayor of the city, Jean Tiberi. "the liberation of Paris was a madness - it remembers -. We journeyed between million people. The women kissed to everybody. Still I have a photo mine in the day of the liberation taken in the Hotel of Ville, where I with face appear of quarrel. It is that all the cigarettes and the things of cleaning had robbed me."

Soon, Iriart, always anxious, would be assigned to the front of a section of 60 men, almost all Spanish republicans who came from Africa, where indeed sent it to speak Spanish. The unit integrated the Regiment of March of Chad, that originally had been of cameleers, until the camels were replaced by most modern and functional armored. The symbol of the regiment was a camel with a cross and a golden anchor, because at first it had belonged to the Marines.

"To me they named me to the front of the unit - it indicates after seriously to be hurt his previous commander. When I appeared before them, I was with the Spanish, strong, bearded soldiers, and I had a face of 18 years, always seemed a little more young person of my age. A captain presented/displayed to me in French. Then I spoke to them to the soldiers in Castilian and one of them shout ': ÔTeniente, you speak Castilian, from where es?´ ÔDe the Argentina´ - she answers ' -. ÔTengo a premium there - insistio ' -, Josefa Diaz de Rosario, conoce?´ ÔClaro´, I lay to him. There me I began them to win. They were greater than I, and today those that are with life go up to around the 85 and 90 years. Many were communist and anarchists, although a one to whom they said Palito to him (because it had stiff finger) had fought next to the Blue Division of Franc against the Russians, the something rarest."

In territories of the Reich

Next to these tanned men, Iriart fought hard through Alsacia and of the German border, entering the territory of the Reich by Strasbourg and breaking through by the Black Forest. It was called on to him to face the rest of the hardest division to panzer DAS Reich of the SS, as well as the Hermann Goering.

"the German soldier - it recognizes was a very good soldier, very resistant. Obedient, disciplined (too much perhaps disciplined). To those of the Wehrmacht we respected them very many. To those of the SS we had them by very hard.

"Those of the Wehrmacht were very professional, did not commit atrocities. When we entered Germany, at any moment we had opposite to the division Hermann Goering. Their soldiers were very good troops, very tanned, died in their position without problem. , when even caímos in some ambush, the prisoners German who we took with us helped to transfer the wounded. One of my men was saved because a German prisoner helped it under enemy fire."

In those distant days of the aim of the war in Europe, at the beginning of 1945, it was called on to Iriart to participate in the taking of the exotic and beautiful castle of Neuschwanstein, constructed by delirious Luis II of Baviera (where it found allied prisoners), and to become one of first in arriving at the mountainous refuge of Hitler, the Berghof, that dominated from the heights to Berchtesgaden, where arrived at the beginning of May, after the British airplanes had bombed the place Mosquito. "In the refuge of Hitler - it indicates was not left anybody already. We only found the corpse of a colonel of the Wehrmacht that had committed suicide in a runner and who still held a folder. As we did not have a French flag, we ended up placing a Dutch that we found in the environs, and we put it in vertical form, to resemble the Gallic standard."

Hardly concluded World War II (after being decorated by admired his Of Gaulle with the Cross military with Palms of the French Army), Michel Iriart was, without knowing it, surrounded in another warlike conflict, much more cruel still, as he would be the one of Indochina.

"we went from a war to the other - the Vietminh emphasizes because had begun to operate, helped even by some ex- Japanese combatants who had been declared criminal military by the allies and they had been united to the Communists. These Japanese were hardest. When we fought with the Vietminh we gave account immediately if there were Japanese in his rows by the strong thing that put the combat."

Like exact test of which she counts, Michel Iriart can exhibit in one of his hands, where a black spot indicates the presence unmistakable of the metal under the skin, the point where it lodged esquir it of a received Japanese grenade in Indochina. "I went It to see a medical friend to ask to him what did with her. ÔGuardátela of recuerdo´, said to me. He is Ôrecuerdito´ of a Japanese official with whom I was face to face in the forests of Indochina. The type, suddenly, removed a grenade and it threw it between both, the crazy person. I did I fly as of twenty meters and they reached to me several to esquir them. The Japanese, however, was fried."

Against the Vietminh, Iriart remembers that it was fought specially at night. "To us it cost to us in the beginning, the first month was very hard. Later already we were accustomed, because we knew a series of things. When the dogs of a side barked, that way a enemy column came. They were masterful in the art of the ambush and they were always fixed to be in superiority of conditions. In order to wait for them and to surprise them, we put at night in the cemeteries, the tombs just dug and opened. When they approached, we left the graves shouting and shooting, and the Communists took good julepe. It was a hard and traicionera war, without in front nor rear."

Michel Iriart assures that, next to the one of Indochina, World War II was not so cruel, indicating in addition that nearly was saved to participate still worse in another one. "general Massu wanted to also take to Algeria, like parachutist. ÔNo my general - I said to him -, I do not want (still there was war no declared in the place). You know that I am field official, not of quarter. To me I like the fight, the adventure, nothing of un-dos, un-dos and at desfilar.´ ÔEs a pain - she said to me -, you could arrive at general.´ ÔSí - answers to him ' -, but I am going away to bore much. I prefer not to be general and to amuse itself."

Histories of veterans

Thus, Iriart returned to Argentina, where it stood out like journalist in France-Presse agency (in which his father had worked), reaching there important positions and entrevistando to personalities like Nikita Khrushchev, Fidel Castro, Lyndon B. Johnson, the Shah of Persia, and covering notes that retrotraían it to their years of action, like severe fires of forests in Mato Grosso in 1963, or the shipwreck of the boat City of Buenos Aires in the River of the Silver. Between as much fight, trips and adventures, had time to form next to their exquisite wife, Helene de Alarcon (been born in Madrid, but educated in France), a family integrated by three children, Miguel Mariano (naval aviator of the Argentine Navy) Anne Marie and Helene (the two psychologists) and five grandsons.

In the end of the conversation, Iriart it cannot conclude without indicating his participation, that it exhibits with pride, in the Association and French Union of ex- Combatants (legendary the Anciens Combattants).

"This organization - it clarifies was created in fact in 1920, with been the French veterans of World War I in Argentina. It got to include 400 ex- combatants of the two world wars. Today it works in a large house in the Santiago street of the Matting. There still we met the four veterans who still we were with life to remember good the old times. Youngest of us it is 76 years old ", it concludes Michel Iriart, man of action, fine journalist and stimulating conversador, that its adventurous figure by some of the most dramatic scenes of contemporary history walked.

By Ernesto G. Castrillón and Luis Casabal
Of the Writing of the Nation "

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laurent le samedi 29 août 2009 - Demander un contact


Michel Iriart

" En la Leclerq hubo algunos, como Michel Iriart, que creo que sigue vivo y es (o era) el presidente del Centro Vasco-francés de Buenos Aires. En febrero de 1942, estando en 3º de Derecho, con 21 años se fue a combatir voluntario. Desembarcó el 6 de junio de 1944 en el sector de canadiense de Junot Beach. Incorproado en la 2ª DB hizo el resto de la campaña hasta la conquista del Nido del Águila (rodeado de españoles, pues).

Unos 400 argentinos lucharon con De Gaulle, la mayoría tenía nacionalidad doble. El más conocido el general Diego Brosset, que murió en el desembarco de Provenza. "

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Dernière mise à jour le jeudi 20 juin 2013

 

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